Besos al vacío
Yo una vez los vi besarse, una vez, en el metro. Nunca se me va a olvidar.
Ella estaba con su espalda apoyada en las puertas que no se abren, él la abrazaba. Bastaba con ver como se miraban, era suficiente con observar los ojos de ese muchacho cuando la miraba para darse cuenta que estaba enamorado. Ella le respondía con gestos coquetos, desafiándolo. Cualquiera se podía dar cuenta que un beso venía en camino. Ella con su mirada esquiva y atrayente parecía enviarle señales contradictorias, invitándolo a besarla, pero advirtiéndole a la vez que no lo dejará hacerlo, que lo desea pero que no regala sus besos como si nada. Es increíble como una mujer puede ser tan sensual solo con unas miradas, con un par de gestos. Él no decía nada, mantenía la mirada fija, esa mirada de joven enamorado, sin actuar, como sabiendo que ella lo esperaba para tenderle una trampa y que no se dejaría besar de inmediato, aunque el deseo se manisfestara intensamente en su sonrisa coqueta, en sus cejas y sus ojos.
Hasta que él hizo su movimiento, sin quitarle los ojos encima, sin cambio en su expresión borracha de amor, con la mano derecha despejó la frente de su amada de sus cabellos rebeldes y los ubicó tras su oreja. Lo hizo con tal gentileza, con tal cariño y cautela, como si esos cabellos fueren infinitamente delicados. Luego la acarició con el revés de su mano comenzando por la sien, ella comenzó a cerrar los ojos en ese momento, él se detuvo en su mejilla la cual recorrió con las yemas de sus dedos. Daba la impresión de que ese contacto era tan sutil, solo con la punta de los dedos sobre esas mejillas sonrojadas. Ella aún no terminaba de cerrar sus ojos y esas pestañas parecían acariciar el aliento de su amado. Los dedos del muchacho luego dibujaron la línea del rostro de aquella muchacha, hasta llegar a su mentón y ahí se quedaron, sosteniéndola. Ella terminó de cerrar los ojos, y parecía un ánima, como si fuese tan liviana como un trozo de la más fina seda, allí, suspendida con su rostro apoyado en los dedos de aquél joven enamorado. Solo entonces abrió los ojos y con tal gracia, con tal femineidad y fineza que yo no podía quitarle los ojos de encima. Hizo un gesto indescriptible con sus labios, un llamado a esos otros labios, la señal que su hombre esperaba. Era el aviso de que se había rendido, de que esperaba impaciente el calor de la boca de su amante, sin juegos, sin rodeos. Sólo en ese momento la expresión de él fue distinta, sonrió seguro, pero aún con la misma mirada embobada. Comenzó a acercar su boca a la de ella, con firmeza, decisión y calma, ambos cerraban los ojos a medida que su unión se hacía inminente. Al verlos no podía creer como esa mujer pudo dejar caer sus párpados con tal maravillosa gracia y sensualidad, parecía que esas pestañas ya abrazaban a su amante, y lo seducían con caricias atrevidas. Y ambos cerraban sus ojos a medida que sus labios se aproximaban, como si aquella unión fuese a propagar tanto amor incandescente que simplemente no podían mirar.
Con todo ese ritual previo yo mismo estaba impaciente por verlos besarse.
Hasta que sus labios se unieron con suavidad, con delicadeza, simplemente se unieron, por un largo par de segundos. Simplemente unidos con sumo cuidado, ni siquiera respiraban, no se movían, parecía como si ni el metro ni nadie más se moviese a su alrededor. Separaron sus labios, sin abrir los ojos, como recuperando la respiración, ambos aún en un estado de gracia, como si ahora sus bocas se estuvieran mirando, como si en ese instante hubiese comenzado un ritual secreto entre sus labios. Se abrazaron y se besaron de nuevo, simplemente unieron sus labios, de nuevo con un cuidado digno de un arqueólogo, de un restaurador de obras de arte. Y se volvieron a besar una vez más, como si unir sus labios fuera en todo lo que pensaban en ese momento, parecía que sus bocas eran independientes a ellos, estaban enamoradas, se abrazaban y a su vez se besaban.
Yo… yo no podía entenderlo, nunca había visto algo así, nunca. Parecía como si ellos entendieran algo que yo nunca supe, como si al besarse entraran a otro plano desconocido para mi. Como si al unir sus labios se hicieran parte de algo más trascendental que ellos, que el metro, que todos nosotros.
No pude evitar envidiarlos.
Me bastó con verlos para darme cuenta que yo no sabía lo que era besar, que no sabía por qué lo hacía. Que lo hacía porque se siente rico, porque es lo que te dijeron que las parejas hacen. Pero para ellos…ellos si sabían por qué se besaban. Estaban ahí en medio de todo el mundo, tan diferentes, tan lejanos, ausentes, sumidos en ellos. Ese par de seres humanos si sabía lo que era amor. Bastaba con verlos besarse, no era un beso como de películas, ellos solo unían sus labios en un gesto tan íntimo, tan lleno de cariño y erotismo. Tan cercanos, tan próximos, sellados herméticamente, al vacío.
Y luego comenzó de verdad el beso. El acariciaba su mejilla, su cuello, y enredaba su mano en los cabellos de la nuca de su amante. Ella empuñó la camisa de su enamorado y lo atrajo hacia si, se detuvieron, abrieron los ojos. Ella comenzó a acercase lentamente, mientras acechaba con los ojos entrecerrados los labios del muchacho inmóvil, y sin aviso su boca se avalanzó sobre los labios de su amante, como una felina cazadora experta. Y sus manos recorrían sus espaldas, sus rostros, sus ojos cerrados, solo se detenían a suspirar. Y ninguno de sus gestos era torpe, como si estuvieran siguiendo una pauta, una coreografía excelsa. Nada los distraía, el metro se detenía, la gente pasaba a su lado. Y ellos solo se besaban, con tranquilidad, con delicada y dosificada pasión, con elegancia y apabullante ritmo.
Los odié
“¿Cómo puede haber gente tan afortunada?” pensé. Tan afortunados de haber encontrado una persona que te haga sentir así, que te haga besar de esa manera. Suertudos…malditos suertudos. Uno va por la vida e incluso cree que ha sentido amor, y te encuentras con esa pareja en el metro te deja sin nada mas que envidia. ¿Por qué ellos si pueden sentir ese amor? Era cosa de mirarlos, es como si su beso iluminara todo el metro. Nunca había visto una pareja disfrutar tanto un beso, nunca había visto tanta intimidad, tanto cariño, tanta elegancia en un beso. Estoy seguro que para ellos un beso no significa lo mismo que para mi, estoy seguro que no pueden besar a nadie que no sea su enamorado de esa forma.
Y su beso terminó con ellos abriendo los ojos y mirándose mutuamente, cómplices de ese trance, de ese beso al vacío. Daba la impresión de que ellos mismos estaban sorprendidos con lo demiurgo de aquello, como si sólo fueren vehículos de una fuerza mayor.
Inevitablemente se me pasó por la mente… si sus besos eran así entonces lo demás…
uuuuufffff….
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Jejeje, me puse medio corín tellado pero desde hace un tiempo ya que me ha gustado escribir cosas así así. Anyway, un post más bien dedicado a las lectoras. Bye bye!
Yo creo que escribiste el post que más le corresponde a un 27 de Junio
Yo no sé porque la gente se besa, por ahí leí que en la antigüedad pensaban que se traspasaban las almas….